Y me miro juguetona, con esa con esa seguridad errática que la caracteriza…Sabia que era el momento y aun así mi mirada le pedía un poco mas de su tiempo… que todavía no estaba preparada para dejarla ir…
Nunca fui buena en las despedidas, nunca me enseñaron que hacer ni que decir… aprendí solo con el tiempo que era cuestión de juntar todos esos suspiros reprimidos en una cajita, y guardarlos en un rincón para que no se sientan tan vivos… silenciarlos… y con el paso de las estaciones se olvidan de gritar… y enmudecen…
Es interesante como a veces, la practica endurece la piel, robustece el corazón, restringe el sentir.
Quizás ella lo sabía mejor que yo, porque no se inmuto cuando me robo un suspiro que escondía tristeza, melancolía, o no se que…
No hizo falta palabras, también aprendí que en estas ocasiones todo lo que se pronuncia es efímero, que nada contiene esa ráfaga que intenta escapar golpeando ciegamente lo que se cruza por su paso…
Esa lucha interna nuevamente, esa disputa por prolongar lo inevitable, esa plegaria...
Sin embargo esta vez fue diferente. Esta vez quedo ese rastro que proyecta quien soy. Te vas, pero me fui con vos. Me quede, pero dejaste lo suficiente aquí.
Lo necesario para que pasen las estaciones, lo suficiente para que los suspiros no enmudezcan…
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